Alzheimer

Dificultades conscientes de pérdida de memoria, busca compensaciones. Necesidad de crear nuevas posibilidades para que no sé note y compense este déficit. Inducción y deterioro. El cuerpo no se ve afectado y presentan algunos inconvenientes a la hora de trabajar desde el lenguaje no verbal, ya que un paciente de este tipo quizá no quiera estar callado.

(Hablo desde el punto de vista de mi propia experiencia con un caso similar y un paciente similar)

Caso práctico

La sesión se desarrollo conmigo como terapeuta y con una compañera como Co-terapeuta. La paciente apareció en silla de ruedas y fue un caso de puertas abiertas, quiero decir que había compañeros observando.

La paciente llegó al punto del setting con todos los instrumentos y empezó a hablar sin parar. Esto fue un impedimento para que la sesión se desarrollara de una manera normal.

Intentamos ofrecer algún instrumento pero ella, no paraba de distorsionar la información que expresaba sin apenas prestar atención a los instrumentos y a las terapeutas. Por lo tanto la posibilidad de crear un vínculo, era nula.

La acción más eficaz en este caso es la pasividad, por parte de los terapeutas y la paciencia, hasta que el paciente decida por sí mismo coger un instrumento y empezar a tocarlo, en este momento nos dará pié a crear ese vínculo, tan importante acompañándolo con otro instrumento de manera muy sutil. Y aquí tendremos nuestro vínculo creado para poder trabajar con el paciente a partir de aquí, las sesiones tienen que ser constantes y periódicas.

Solo de esta manera podremos ver los cambios más importantes en el paciente y sacar de aquí un diagnóstico sobre su evolución. El resultado será una evolución óptima en los momentos lúcidos del paciente.Por supuesto la enfermedad sigue ahí deteriorando la memoria, pero está menos presente en nuestro paciente o al menos está más distraído.

En los últimos años ha aumentado considerablemente el interés por la utilización de la musicoterapia en el tratamiento de la enfermedad de Alzheimer. Antes del final de la década de los ochenta, se sabía que la música podía tener efectos beneficiosos en la enfermedad de Alzheimer (Cooper, 1991; Lloyd, 1992; Smith, 1992), pero se conocía por versiones orales, cartas a las revistas, etc. Fue a final de la década, cuando el Special Committee on Aging, United States Senate (1991) observó un desarrollo importante de investigaciones referentes a diversos aspectos relacionados con el efecto de la música en la enfermedad de Alzheimer y, además, estimuló el estudio de esta metodología, y a partir de este año ha provisto de fondos especiales para investigación y el desarrollo de proyectos en musicoterapia en la vejez.

La consecuencia de lo anterior fue que se produjo un importante crecimiento de tipo exponencial en la investigación de la utilidad y significación de la musicoterapia en la enfermedad de Alzheimer, lo que hemos podido constatar en 2002.